La mesa como trinchera (I): ‘El arte del artificio’
© El Platillo Comilón

En El Platillo Comilón siempre hemos creído que comer es un acto social, pero… ¿qué ocurre cuando ese acto social se convierte en un riesgo? Hoy comenzamos nuestra serie ‘La mesa como trinchera’, un viaje por la historia oculta de la gastronomía LGTBIQ+. En este primer capítulo viajamos a los años 60 para descubrir cómo un simple recetario cambió las reglas del juego.
La insurrección de 1965
Para comprender la magnitud de la ’cocina queer’, debemos situarnos en la Norteamérica de 1965, un país bajo la sombra del macartismo* y una psiquiatría que clasificaba la homosexualidad como una patología grave, el sujeto homosexual era un paria. El discurso dominante dictaba que el hombre gay era un ser desarraigado, errante, cuya existencia era incompatible con la estructura del ‘hogar tradicional’.

En este clima, Lou Rand Hogan, cuyo nombre real era Louis Randall, publicó ‘The Gay Cookbook’. Más que un chef, Hogan fue un superviviente que vivió entre dos mundos. Antes de convertirse en un icono accidental de la resistencia, trabajó como cocinero de alto nivel en cruceros transatlánticos y en el exigente circuito de la restauración neoyorquina. Su vida estuvo marcada por la dualidad, mientras dominaba las cocinas profesionales, un espacio rígidamente masculino, participaba activamente en el circuito de espectáculos drag de Nueva York. Esta combinación fue su ‘arma secreta’ ya que le permitió ver la cocina, no como una tarea doméstica, sino como un escenario.
Publicar The Gay Cookbook no fue, por tanto, un simple manual, fue un acto total de insurrección. Hogan ejecutó un acto de reapropiación existencial al proclamar que el hombre gay tenía derecho a la cocina, derecho a la vida privada, a la sofisticación y, sobre todo, a la dignidad.
El Camp como tecnología de resistencia
El libro, publicado por Sherbourne Press, es un artefacto cultural complejo cuya importancia histórica no solo reside en su contenido culinario, desde ensaladas hasta afrodisíacos, sino en que operaba a través de la estética Camp, no como un adorno, sino como una herramienta tecnológica. Como bien definió Susan Sontag*, lo Camp es el amor a lo antinatural, al artificio y a la exageración. Hogan utilizó este filtro estético para establecer un lenguaje cifrado:
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- El código: el tono de la obra es deliberadamente provocador. Hogan se dirigía a sus lectores como ‘Mary’, ‘Myrtle’ o ‘Maude’, y el texto estaba saturado de ‘double entendres’ (dobles sentidos). Esta codificación tenía una función estratégica, permitía que los lectores del colectivo reconocieran los guiños y las señales de complicidad, mientras que un observador externo podía leer el libro como una obra excéntrica pero inofensiva. Era un lenguaje cifrado que tejía comunidad en un entorno que buscaba fragmentarla.
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- La validación: ver a hombres en delantales, con actitudes ‘afeminadas’ pero presentados como maestros de su propio dominio, fue la primera vez que un producto comercial reconoció la existencia de una cultura y un estilo de vida diferenciado. Hogan demostró que la identidad LGTBIQ+ no era una ausencia de vida familiar, sino una forma distinta y creativa de construirla. Las ilustraciones de David Costain reforzaban este mensaje.
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Un impacto sísmico
Cuando publicaciones como el New York Times se hicieron eco del libro, no lo hicieron por sus recetas. Lo hicieron porque el simple hecho de que un libro dirigido explícitamente a gais estuviera en las estanterías de las librerías era la prueba empírica de que el colectivo ya no podía ser ignorado.
Sin embargo, el libro no estuvo exento de controversias. Dentro del propio colectivo, hubo quienes criticaron que el estilo Camp perpetuaba estereotipos que el movimiento incipiente trataba de romper en su búsqueda de asimilación. No obstante, en retrospectiva, The Gay Cookbook fue la primera vez que un producto comercial reconoció la existencia de un mercado, de una cultura y de un estilo de vida diferenciado. Fue el nacimiento del ‘pink market’* antes incluso de que existiera ese término.
Hogan nos enseñó que la cocina es el espacio donde la identidad queer deja de ser un secreto para convertirse en una narrativa propia. Fue, en definitiva, la primera vez que la gastronomía sirvió para decir al mundo: ¡Estamos aquí, tenemos casas, cocinamos con arte y nuestra identidad no es una vergüenza!
¿Qué sucedió cuando el mundo exterior comenzó a mirar de cerca al hombre gay en su cocina? ¿Cuál fue el precio de esta visibilidad y qué pasaba en las tabernas clandestinas de la España de la época? No te pierdas el próximo capítulo: ‘Entre el armario y la memoria: El coste de la visibilidad’ (Capítulo 2).
BIBLIOGRAFÍA:
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- Hogan, L. R. (1965). The Gay Cookbook. Sherbourne Press.
- Sontag, S. (1964). Notes on ‘Camp’. Partisan Review.
- Chauncey, G. (1994). Gay New York: Gender, Urban Culture, and the Making of the Gay Male World, 1890-1940. Basic Books.
- Johnson, D. K. (2004). The Lavender Scare: The Cold War Persecution of Gays and Lesbians in the Federal Government. University of Chicago Press.
- Schrecker, E. (1998). Many Are the Crimes: McCarthyism in America. Little, Brown and Company.
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*Notas al pie de pagina:
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- Marcantismo: término histórico que define un periodo de paranoia, represión y persecución política extrema en los Estados Unidos y que tuvo lugar principalmente entre los años 1950 y 1954 liderada por el senador Joseph McCarthy, que buscaba purgar a la sociedad del país de supuestos infiltrados comunistas. Este clima de ‘caza de brujas’ derivó en el Lavender Scare o ‘Terror Púrpura’, una cruzada paralela contra el colectivo LGTBIQ+, bajo el pretexto de que su orientación sexual los hacía vulnerables al chantaje extranjero, provocando despidos masivos en el gobierno y la cultura. Este contexto de vigilancia extrema es el que convierte la publicación de The Gay Cookbook (1965) en un acto de insurrección, celebrar la identidad fuera de la norma en un país que la consideraba una traición nacional.
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- Susan Sontag (1933 – 2004): fue una de las ensayistas y críticas culturales más influyentes del siglo XX. Su relevancia en este contexto reside en su ensayo Notas sobre lo ‘Camp’ (1964), donde teorizó una sensibilidad basada en el artificio, la teatralidad y la exageración. Sontag identificó cómo el Camp servía como un código estético para comunidades marginadas, permitiéndoles subvertir la rigidez de la norma mediante la ironía. Su análisis dotó de legitimidad intelectual a formas de expresión que, como las de Hogan en The Gay Cookbook, fueron más allá de lo puramente estético para convertirse en herramientas de resistencia y visibilidad.
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- Pink market (mercado rosa): designa al conjunto de productos y estrategias comerciales dirigidas específicamente al colectivo LGTBIQ+. Aunque hoy es un segmento económico consolidado, su origen es rastreable a hitos como The Gay Cookbook (1965), que marcó la primera vez que una editorial comercial identificó a los homosexuales como una audiencia con intereses diferenciados y capacidad adquisitiva, transformando una identidad clandestina en un objeto de consumo. Este nacimiento del mercado rosa, y su evolución posterior hacia el fenómeno del pinkwashing, donde las corporaciones utilizan el activismo como fachada de marketing, subraya la transición de la visibilidad como acto de supervivencia política a la visibilidad como activo comercial.
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