Técnicas de Cocina,  Verduras y hortalizas

¿Cómo quitamos el amargor de la berenjena?

© El Platillo Comilón

 

     La berenjena presenta un sabor ligeramente amargo que puede hacernos odiarla sobremanera. Ya esté cocinada con unos u otros ingredientes, de una u otra manera, que ese toque amargo persiste y… ¿sabes a qué se debe?

     La pulpa de la berenjena es la culpable de ese sabor amargo. Bueno, más que la pulpa, la tiene una sustancia que contiene conocida como solanina. La berenjena es una hortaliza que si se consume cruda puede ocasionar malestar gástrico debido a la solanina.

     Pero… ¿qué es esa sustancia? Es un glucoalcaloide tóxico de sabor amargo presente de forma natural en ciertos tubérculos, hojas y frutos de determinadas plantas como un pesticida natural para defenderse frente a insectos y otros animales. Si se consume en grandes cantidades puede provocar incluso envenenamiento. Pero no hay que alarmarse, la cantidad de solanina que contiene una berenjena es tan pequeña a la que se necesita para producir una intoxicación grave, que no hay problema. Eso sí, se recomienda no comerla cruda ni licuada.

 

 

      Pero existen algunos trucos para eliminarlo y, puede, que de odiarla, pases directamente a amarla. Cortamos la berenjena de la manera que queramos según la receta que vayamos a hacer (en bastones, en cuadrados, en tiras alargadas, en rodajas, etc.) y seguimos el truco que más nos guste:

 

        • Truco nº 1: la ponemos en un recipiente y añadimos sal fina por toda su superficie. Cubrimos con papel film durante una hora aproximadamente y, cuando haya pasado el tiempo, escurrimos el jugo que ha soltado, la aclaramos con agua del grifo para eliminar el posible exceso de sal, secamos con un paño limpio o papel de cocina y lista para cocinar.
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        • Truco nº 2: la ponemos en un recipiente, salamos y cubrimos con una mezcla de leche y agua a partes iguales. Cubrimos con papel film durante una hora aproximadamente y, cuando haya pasado el tiempo, escurrimos todo el líquido, la aclaramos con agua del grifo, secamos con un paño limpio o papel de cocina y lista para cocinar.
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        • Truco nº 3: seguimos los mismos pasos que el truco anterior, pero en vez de leche utilizaremos harina. Eso sí, la echaremos al final. Mantenemos igualmente tapado el recipiente durante una hora y pasado el tiempo escurrimos todo el líquido, la aclaramos con agua del grifo, secamos con un paño limpio o papel de cocina y lista para cocinar.

 

     Y para evitar que se pongan negras, con un aspecto un tanto feo debido a la oxidación de los antioxidantes que contiene, una vez aplicado uno de los trucos anteriores, podemos regarlas con un poco de zumo de limón. La acidez que contiene evitará tal problema.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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