¡Adivina quién viene a cenar!

¡Adivina quién viene a cenar! «Elisabeth Amelie Eugenie Herzogin de Baviera, Sissi Emperatriz»

Retrato del busto de Elisabeth de Baviera realizado por el fotógrafo austríaco Ludwig Angerer (década de 1.870),

retocado por Carl Pietzner entre los años 1.897 y 1.898

 

© EL COPYRIGHT DE LAS IMÁGENES Y EL VÍDEO PERTENECE A SUS RESPECTIVOS AUTORES

 

 

‘Lo que todas las personas tenemos en común no es el espíritu, sino el destino’.

 

     Hoy las puertas de la cocina de El Platillo Comilón se abren para invitar a Elisabeth de Austria, conocida popularmente como ‘Sissi Emperatriz’, a nuestra sección de ‘Adivina quién viene a cenar’.

 

     Corría la Nochebuena del año 1.837 cuando Ludovica de Babiera, postrada en una cama en la ciudad de Múnich, daba a luz a Elisabeth Amelie Eugenie Herzogin de Baviera, la que fuera futura Emperatriz consorte de Austria, reina consorte de Hungría, Bohemia, Croacia, Eslavonia, Dalmacia, Galitzia de los Cárpatos, Lodomeria e Iliria. Fue la cuarta de los diez hijos que tuvo con el duque Maximiliano José de Wittelsbach.

 

Ernst Marischka y Romy Schneider como Sissi Emperatriz

 

     Tiempo después se la conoció popularmente como Sisi, transformado en Sissi a mediados de la década de 1.950 a raíz de las películas que componen la trilogía sobre su vida dirigidas por Ernst Marischka y protagonizadas por Romy Schneider como papel protagonista.

 

 

 

Carteles de cine estrenados en España de las películas que componen la trilogía de Sissi,

dirigidas por Ernst Marischka y protagonizadas por Romy Schneider

 

 

     Aunque hoy en día algunos historiadores sostienen que su sobrenombre habría sido realmente Lisi, derivado de Isabel, Elisabeth en alemán. Juzguen ustedes mismos con la siguiente imagen, ¿se trata de una ‘L’ o una ‘S’?, ¿no os parece una ‘L’ mayúscula y revoloteante?

 

 

     Fue educada junto con el resto de sus hermanos lejos de la Corte de Baviera, concretamente en el castillo de Possenhofen, situado junto a la orilla del lago Starnberg, rodeado de plena naturaleza; en principio fue considerada como la residencia de verano, pero poco tiempo después acabó convirtiéndose en su residencia habitual. El contacto directo con la naturaleza les hizo tener una educación mucho más despreocupada y desinhibida, cosa que más tarde marcaría su manera de ser.

 

Castillo de Possenhofen, Alemania

 

     Sus padres, asegurando que era la más idónea para adquirir el rango de Emperatriz, estaban muy interesados en comprometer en matrimonio a la mayor de sus hijas, Elena de Baviera, familiarmente conocida como ‘Nené’, con su primo hermano el emperador de Austria Francisco José I. Es por eso que en agosto de 1.853 Ludovica concertó una cita en la residencia de verano de la familia Real de Austria, situada en Bad Ischl, para que ambos se conociesen. Además de su propia hija Elena, las acompañó su hija y hermana Elisabeth, que por entonces contaba con tan solo 15 años de edad. Allí las esperaría la archiduquesa Sofía de Baviera, hermana de Ludovica, junto a su hijo tal y como habían dispuesto. Pero este encuentro no salió tan bien como ambas familias esperaban. Francisco José, que por entonces contaba con 23 años de edad, se fijó ciegamente en los encantos de su adorada prima Elisabeth y rápidamente quedó prendado por ella. Es más, llegó a escribir a su primo Alberto de Teschen diciéndole que estaba «enamorado como un cadete».

 

Retrato del Emperador Francisco José I en uniforme blanco con la Banda de la Orden de María Teresa,

1.851, pintura al óleo de Johann Ranzi

 

     Ambas familias no escatimaron en esfuerzos para que desistiera de su idea haciéndole ver que la joven no fue educada para ser emperatriz, no tenía ningún conocimiento sobre el protocolo a seguir dentro de la corte real, ni había sido presentada en los círculos sociales adecuados como para ostentar la corona. A pesar de sus intentos, el matrimonio entre Francisco José I de Austria y Elisabeth de Baviera se consumó en la Iglesia de los Agustinos de Viena, Austria, un año después de su primer encuentro, el 24 de abril de 1.854 convirtiéndose así, desde ese mismo momento, en la emperatriz de Austria.

 

     Poco después pudo comprobar que su vida había cambiado por completo y nada tenía que ver con la libertad y la privacidad que se respiraban en la residencia familiar en la que creció. Su tiempo fue arrebatado en beneficio de la propia corte y el rígido protocolo de la casa de los Habsburgo. Este dictaba su presencia en fiestas interminables, recepciones de importantes personalidades, desfiles militares, etc. con lo que todo ello suponía, estar alegre, pero sin sonreír en exceso, pero sí con recato, dispuesta a mantener conversaciones con personajes dispares, a cambiarse de vestuario en cada una de ellas y mantener un talante abierto y gentil pero distante. ¡Totalmente agotador!

 

     «Me desperté en un calabozo y tengo grilletes en la mano», escribió la emperatriz Elisabeth el 8 de mayo de 1854, dos semanas después de su boda con el emperador Francisco José I.

 

Retrato de la archiduquesa Sofía de Baviera (alrededor de 1.866) realizado por Ludwig Angerer.

   

 

     Se sentía constantemente vigilada, observada, sintiéndose sola en un entorno desconocido y hostil. A esto hay que sumarle la elección de sus damas, de edad muy avanzada con respecto a ella, y muy conservadoras. Nada tenían que ver con su forma de ser y su manera de pensar, cosa que rápidamente llamó la atención de su suegra, la archiduquesa Sofía de Baviera, hecho que sabiamente aprovechó a su favor para empezar a criticarla por cómo vestía, cómo se comportaba ante determinadas personalidades, para poner en duda sus hábitos y costumbres… y hacer de su vida un auténtico infierno.

 

 

 

 

 

 

 

 

     En una de las primeras cenas acaecidas en el Palacio Imperial de Hofburg, Elisabeth pidió una cerveza en vez del habitual vino que se servía y se quitó los ceñidos guantes que llevaba puestos para hacerse con los cubiertos en el mismo momento de comer. Esto causó tal revuelo entre los comensales invitados a la misma, que su suegra Sofía reprendió de malas maneras:

 

    ‘Has escandalizado a todo el mundo comportándote como una lugareña bávara. Los guantes están prescritos por la etiqueta, la cerveza no es bebida para una emperatriz, por lo menos en público. No es correcto reír para una emperatriz, debe limitarse a sonreír, tanto si se divierte como si se aburre’. La respuesta de Sissi a la reprimenda de su suegra fue tajante: ‘Si no me quiere tal y como soy, lo siento mucho, pero no voy a cambiar’.

 

     Las labores oficiales que debía desempeñar el marido de la Emperatriz Sissi, Francisco José I de Austria, requerían tanto de su presencia que, a pesar de amar profundamente a su esposa, no pasaba el suficiente tiempo con ella y esto empezó a distanciarles como pareja. Elisabeth se sentía totalmente excluida por parte de su marido porque ni siquiera le informaba de los hechos acontecidos en el imperio, eso sí, su madre estaba al tanto de todo.

 

Retrato de Gisela de Austria (autor Rudolf Krziwanek)
Retrato de Sofía Federica

   En 1.855, un año después de contraer matrimonio, tuvieron su primera hija, Sofía Federica de Habsburgo-Lorena archiduquesa de Austria, de la cual se hizo cargo su abuela paterna considerando a su madre, la Emperatriz Sissi, demasiado joven e incapaz de educarla como correspondía. ¡Incluso le negaron el derecho a poder amamantarla! Lo mismo ocurrió un año después con su segunda hija, Gisela de Habsburgo-Lorena archiduquesa de Austria. ¡Cómo iba a se capaz de desaprovechar la gran oportunidad que tenía de inculcar sus convicciones políticas, sociales, económicas y religiosas a las herederas del imperio! Según su forma de ver las cosas, la emperatriz se debía a sus obligaciones, a su esposo y a su pueblo, como para perder el tiempo criando hijos. Poco a poco la paciencia de Sissi se fue agotando hasta que, pocos días después de su segundo parto, le pidió a su esposo que tomara cartas en el asunto. Este escribió una carta a su madre en la que decía:

 

     «Le suplico encarecidamente que tenga condescendencia para con Sissi si tal vez le parece una madre demasiado celosa. ¡Es una esposa y madre tan abnegada! Si usted se digna considerar con calma el asunto, quizá comprenda la pena que nos produce ver a nuestras hijas prácticamente encerradas en su casa, mientras que la pobre Sissi se ve obligada a subir la estrecha escalera para sólo raras veces encontrar solas a las pequeñas […]. Además, Sissi no tiene en absoluto la intención de privarla a usted de las niñas, y me encargó especialmente que le dijera que las pequeñas estarán siempre a su completa disposición»

     

       Acabó llevándose a sus hijas de las garras de esa mujer, pero la guerra no estaría ganada por su parte.

 

     En la primavera del año 1.857 Elisabeth y su esposo tenían programada una visita en barco por el Danubio desde Viena a Budapest, Hungría. Por supuesto que irían acompañados de sus dos niñas, cosa a la que se opuso nuevamente su suegra, esta vez, preocupada por la larga trayectoria y el delicado estado de salud de ambas. Su opinión fue también compartida por el médico de la corte, el Dr. Seeburger, quien desaconsejó el viaje para ambas. En ese momento era tal el hartazgo que sentía Elisabeth hacia su suegra, que afloró en ella un profundo malestar y una terquedad inusual con respecto a dicha opinión, que desoyó todas las recomendaciones.

 

     Llegaron a Budapest el 4 de mayo, pero las visitas y los encuentros con ciertas personalidades se sucedían día tras día. Antes de llevar a cabo la visita a las provincias húngaras, su hija Sofía cayó enferma con fiebre elevada y disentería (trastorno inflamatorio del intestino, especialmente del colon, que cursa con frecuentes y graves diarreas con presencia de moco y/o sangre en las heces).

 

     El Dr. Seeburger quitó hierro al asunto diciéndoles que su estado era debido a la dentición, pues por entonces le estaban saliendo los dientes. No parecía ser aquella la causa porque la niña iba empeorando a medida que pasaban las horas, y así fue. En la noche del día 31 de mayo fallecía su hija mayor. La visita al país quedó cancelada y regresaron a Viena, esta vez, con su hija Sofía dentro de un ataúd. Elisabeth, angustiada y cabreada por la atención que el doctor les dio, intentó que le echaran de la corte por incompetente para desarrollar su labor, culpándole, además, de su muerte. Pero una vez más sería su suegra quien lo impidiese. Sissi cayó en una terrible depresión que le cambió por completo su manera de ser, llevándola a hacer incluso una huelga de hambre y varias amenazas de intentos de suicidio.

     Ante esta situación, su marido creyó conveniente que su suegra Ludovica visitase a su hija para reconfortarla ya que, al encontrarse nuevamente embarazada, ese estado en el que se sumía le podría acabar perjudicando.

 

Rodolfo de Habsburgo (príncipe heredero de Austria) (foto de Károly Koller – 1.887)

 

  El 21 de agosto de 1.858 dio a luz a su tercer hijo, en este caso varón y heredero de la corona, Rodolfo de Habsburgo-Lorena, nombrado así en honor al progenitor de la dinastía Habsburgo. Y una vez más, le negaron el poder amamantarlo.

 

     El 8 de junio de 1.867, Francisco José y Elisabeth fueron coronados como reyes de Hungría en la iglesia de Nuestra Señora de Budapest. Este compromiso abrió paso a la monarquía dual entre Austria y Hungría. Como muestra de reconocimiento el pueblo, por intercesión del recién nombrado primer ministro de Hungría, Gyula Andrássy, les donó el castillo de Gödöllö, situado cerca de la capital y considerado desde entonces como su verdadero hogar.

 

 

 

 

 

 

María Valeria de Austria

 

   Allí nació su última hija el día 22 de abril de 1.868 y, al contrario de lo que ocurrió con el resto de sus hermanos, María Valeria de Habsburgo-Lorena, fue educada por la mismísima emperatriz y no por su odiosa suegra. Se la llegó a conocer como ‘la única hija de Sissi’, porque se notaba que era su favorita. El por qué de parir en Hungría se debió a una decisión de la propia emperatriz, ya que ningún príncipe o princesa había nacido con anterioridad en ese país desde hacía siglos.

 

     Con el nacimiento de su última hija, conocida despectivamente como ‘la niña húngara’, corrían algunos rumores infundados entre los enemigos que Elisabeth había hecho en la Corte austriaca, que hacían creer que no era hija legítima de su padre Francisco José, sino del Conde Gyula Andrássy, por entonces primer ministro del país, fiel admirador y amigo personal de la emperatriz. Todos esos rumores se desmoronaron con el paso del tiempo debido al parecido físico tan grande que había entre María Valeria y su padre; incluso más que con el resto de su descendencia.

 

 

Retrato de Franziska Angerer Feifalik, la peluquera de Sissi (1.870)

   

     Era una mujer muy hermosa y de largos cabellos de color rubio oscuro, aunque hacía teñírselos de un tono castaño; tanto daban que hablar que muchas de sus biografías especulan con su longitud, asegurando que le llegaban a la cintura, otras que lo hacían hasta la rodilla y otras que van más allá afirmando que le llegaban hasta el suelo. Esto lo sabía bien su propia peluquera, Franziska Angerer Feifalik, más conocida como Fanny Angerer que, además de conocer su profesión al dedillo, contaba con una gran habilidad para llevar a cabo sus cuidados. Se cuenta que pasaba alrededor de tres horas diarias cepillando el pelo de la emperatriz para peinarlo, y hacerle uno de los sofisticados peinados de la época, y hasta un día en lavarlo. Toda una hazaña.

 

 

 

 

Austria – alrededor de 1.846: La emperatriz Isabel de Austria con el pelo alborotado. Óleo sobre lienzo, 1846.

(Foto de Imagno/Getty Images) [Kaiserin Elisabeth. Gemaelde. 1846.]

 

 

     Sissy la llegó a necesitar a su lado para poder estar siempre perfecta, tanto que llegó a nombrar a Hugo, el marido de esta, mariscal de viaje para que no hubiese ningún problema en llevar a su esposa Fanny allá donde la emperatriz viajara. La melena le pesaba tanto que le producía intensas y continuas migrañas. Para aliviar esas molestias llegó a permaner durante horas en su habitación con el pelo sujeto con cintas a la cabecera de la cama, reduciendo su peso y aliviando así la tensión muscular que le provocaba en toda la zona del cuello y cabeza.

 

     En aquella época era considerada como una mujer alta con sus 1,72 m, pesaba no más de 50 kg, y tenía una cintura de no más de 47 cm, una cinturita de avispa. Llegó incluso a obsesionarse con mantener estas medidas, a pesar de haber dado a luz a varios hijos, y para ello daba largas caminatas, montaba a caballo casi a diario, practicaba esgrima, natación y ciclismo e hizo que instalaran en palacio un equipo de barras, anillas, espalderas y pesas para poder mantenerse aun más en forma. ¿De dónde sacaría tanto tiempo?

 

Aposentos de Sissi en el Palacio de Hofburg, Viena, Austria

En esta imagen podemos ver las anillas colgando de la puerta y el equipo de barras y espalderas con el que practicaba ejercicio físico.

 

Fotografía de la prensa de carne que usaba Sissi. Foto © Willfried Gredler / AGE Fotostock

 

     Este esfuerzo físico lo complementaba con una estricta dieta a base de frutas, pescado, filetes crudos y el jugo obtenido al prensar la carne. Para obtener este último utilizaba una prensa de cocina.

 

     Su bebida favorita era la leche y tal era así, que ordenó instalar un establo en su palacio de verano de Schönbrunn con vacas y cabras, entre otros, para no tener que renunciar a ella. Si un médico la reconociera hoy en día, diría que tiene anorexia o bulimia.

 

     Eran continuos los atracones de dulces que se daba, siendo el chocolate uno de sus dulces preferidos. Es más, algunas veces se escapaba furtivamente de palacio para ir a la Confitería Demel, en Viena, para dar buena cuenta de un gran trozo de tarta Sacher, su preferida, junto con el helado de violetas. Durante casi toda su vida adulta prescindió de verduras y frutas, a excepción de las naranjas.

 

 

 

 

 

    Un detalle que le llamó muchísimo la atención a su suegra cuando conoció a Elisabeth fue el tono tan amarillento de dientes que tenía. Es más, con el paso de los años se le fueron cayendo algunas piezas dentarias y empeorando su aspecto bucal. A esto hay que sumar que la emperatriz era fumadora, una costumbre un tanto inusual para una mujer de aquella época, hecho que le amarilleaba aun más los dientes. Por este motivo no aparece en ninguno de sus retratos ni fotografías con la boca ligeramente abierta, disimulando en todo momento ese defecto. Es más, a partir de los 35 años empezó a cubrir su rostro en público con ayuda de un abanico de cuero negro, una sombrilla, un pañuelo o velo para evitar enseñar su boca y su incipiente vejez. Algunos historiadores cuentan que para mantener tersa la piel de su rostro y cuello utilizaba una mascarilla especial hecha a base de carne cruda, fresas y aceite de oliva.

 

     Por norma general un enfermo de bulimia se provoca el vómito justamente después de comer y, durante este acto, los jugos gástricos ascienden por el esófago hasta llegar a la boca para ser expulsados. Esos ácidos, extremadamente dañinos no solo para el tejido mucoso del esófago, sino también para el esmalte dental, son los causantes de los daños infringidos en toda la cavidad bucal: en un principio afectan la cara interna del diente y la zona que les une a la encía, pero a medida que las provocaciones del vómito son más seguidas y habituales, la parte blanda del diente se verá expuesta a la acción de las bacterias haciéndoles cada vez más frágiles, llegando incluso hasta fracturarse. Si a esto le añadimos la compulsión por comer todo tipo de alimentos, incluidos los dulces, la proliferación de bacterias será de tal magnitud que la dentadura tendrá un riesgo muy elevado de perderse si no se coge a tiempo.

 

     Ella misma escribía en sus anotaciones personales lo siguiente:

 

     «He tenido que reducir aún más mis frugales comidas y alimentarme sólo a base de jugo de carne y frutas, pues estaba a punto de sobrepasar los cincuenta kilogramos de peso -un límite fatídico para mí- y mi espalda ha comenzado a producirme unos persistentes dolores, que algunos días me han impedido montar por la tarde».

 

     Pocos años antes de morir incluyó en su dieta de adelgazamiento el consumo de kéfir. Todas esta manías y obsesiones entorno al ejercicio y a la alimentación le pasaron factura a muy temprana edad, sufriendo desde los 44 años unos dolores terribles de ciática, neuritis, reuma y la frecuente aparición de edemas causados por la desnutrición que llegaba a sufrir.

 

     A esto hay que sumar los continuos cambios emocionales que sufría. Sabía que le pasaba algo, pero no sabía cómo describirlo. Tan pronto se encontraba agobiada y hastiada, como de repente sentía cansancio no solo físico, sino también emocional. ¿No sería depresión?

 

     Acabaron prescribiéndola de forma terapéutica cocaína para controlar esos estados de ánimo y los trastornos menstruales. Por entonces esta droga no estaba prohibida, todo lo contrario, su uso se daba para combatir los problemas de insomnio, de la depresión… Cada vez que viajaba llevaba consigo una especie de pequeño botiquín, especialmente diseñado, donde guardaba todos los utensilios necesarios para la aplicación de la cocaína: una jeringuilla y un frasquito donde contener la sustancia.

 

     Las depresiones que padecía se agudizaron poco tiempo después de cumplir los 50 años con la llegada de la dura noticia de la muerte de su hijo Rodolfo la madrugada del 30 de enero de 1.889 en Mayerling. Lo hallaron junto a su amante la baronesa María Vetsera y desde entonces fueron muchas las especulaciones que se generaron al respecto, desde la existencia de varios complots contra su persona, uno urdido por los servicios austríacos y otro que se declinaba por los servicios franceses, hasta pasar por la idea del suicidio.

 

     Parece ser que las autopsias de ambos cuerpos arrojaron muchos detalles: él presentaba varios cortes en la cara y en varias partes del cuerpo y ella, lejos de morir de un disparo en la cabeza como referían algunas fuentes, parecía haber recibido una paliza previa a morir, datos no muy relacionados con un suicidio. A pesar de contar con todos estos detalles, a día de hoy la muerte de Rodolfo y su amante sigue siendo una auténtica incógnita.

 

Cadáver de Rodolfo de Habsburgo (Foto de Schuhmann; 1 de enero de 1.889)

     Este homicidio, en el caso de que lo fuera, se conoció como ‘el crimen de Mayerling’, nombre del refugio de caza donde ocurrió la tragedia. Desde ese mismo momento una tristeza sin igual invadió a Elisabeth, que siempre mantuvo la teoría de que la corte vienesa había tenido algo que ver en la muerte de su hijo. Desde entonces se negó a seguir vistiendo como hasta entonces lo había hecho, eligiendo el color negro para destacar el luto en honor a su hijo fallecido.

 

Refugio de caza Mayerling sobre 1.889

 

     Desde entonces los viajes de la emperatriz por toda Europa se sucedieron de forma frenética. Compró un barco de vapor, al que llamó Miramar, y en él recorrió gran parte del Mar Mediterráneo sin acordarse apenas de la Corte de Viena.

 

     Cuando recalaba en Vienase alojaba, sola, en el pabellón de Hermesvilla, un palacete erigido por orden de Francisco José en el parque de Lainz con la pretensión de disponer de una residencia más acogedora y cómoda para la familia imperial. En alguna ocasión que pisaba tierra vienesa se alojaba sola en el pabellón de Hermesvilla, un palacete erigido por orden de su marido Francisco José en el parque de Lainz.

 

     En uno de sus innumerables viajes recaló en Ginebra. Corría el 8 de septiembre de 1.898 cuando Sissí se encontraba alojada en el hotel Beau-Rivage. Dos días más tarde, cuando paseaba cerca del lago Lemán junto con una de sus damas de compañía, la condesa húngara Irma Sztaray, y se disponían a tomar el ferry para ir a Montreaux, un hombre fingió tropezarse con ellas y aprovechó para asesinarla hincándola un fino estilete cerca del corazón.

 

Arma que se utilizó para asesinar a la emperatriz de Austria conocida como Sissi.

(Foto de Stephane Cardinale / Sygma vía Getty Images)

 

     Traducción de la tarjeta que acompaña al arma:

 

«El abajo firmante, el secretario del tribunal penal de justicia.
El Tribunal Penal de Ginebra certifica que el arma adjunta, es la utilizada por Luchini Luigi, asesino de Su Majestad la Emperatriz de Austria, para cometer su crimen. Ginebra 10 de noviembre de 1898.»

 

 

 

     Al principio Sissi no era consciente de lo que había sucedido, pero ya en el barco se empezó a sentir mal hasta que se desvaneció. Su dama de compañía avisó al capitán del barco de la identidad de la dama herida y regresaron a puerto. Allí le desabrochó el corpiño para que pudiera respirar mejor y se dio cuenta de que sobre el pecho había una pequeña incisión cubierta ligeramente de sangre.

 

Portada del periódico francés ‘Le petit Parisien’ con grabado sobre el asesinato de la emperatriz Sissi por el anarquista italiano Luigi Lucheni en Ginebra (25 de septiembre de 1.898)

 

 

Portada del periódico ‘Notice News de Londres’ con dibujo sobre el ataque a Sissi

(17 de septiembre de 1.898)

 

 

Portada de un periódico ilustrado austriaco con dibujo sobre el ataúd en el que reposan los restos de Sissi

(18 de septiembre de 1.898)

 

 

     Murió aquella misma tarde sobre las 14:50h a manos de ese hombre que resultó ser un anarquista italiano llamado Luigi Lucheni. Tenía pensado atentar contra un príncipe francés de la Casa de Orleans, pero al saber por un periódico que la visita de este se había cancelado, cambió de víctima fijándose en la emperatriz Elisabeth que andaba de viaje por la ciudad. Lo cogieron los transeúntes que andaban por la zona y lo entregaron a la policía. Confesó haber realizado el crimen la primera vez que fue interrogado por la policía y lo justificó diciendo:

 

‘¡Solo los que trabajan pueden comer!’

 

Luigi Lucheni, el asesino de la emperatriz austriaca Elisabeth, acude con dos policías al interrogatorio en Ginebra. Lámina de linterna. Septiembre de 1.898. (Foto de Oesterreichsches Volkshochschularchiv / Imagno / Getty Images)

 

 

Ficha policial de Luigi Lucheni

 

 

 

 

  No pertenecía a ninguna célula anarquista, lo organizó de manera solitaria, cosa que le hizo estar más orgulloso de sí mismo. En el primer interrogatorio que se le hizo, sobre el motivo de su gesto, Luigi respondió:

 

“Porque soy anarquista. Porque soy pobre. Porque amo a los trabajadores y quiero la muerte de los ricos».

  Fue condenado a cadena perpetua por asesinato con premeditación y alevosía, pero después de llevar 11 años en prisión, el 19 de octubre de 1.910 se lo encontraron ahorcado en su propia celda con un cinturón.

 

 

 

 

 

 

Retrato de Luigi Lucheni en una revista de la época tras el asesinato

 

 

 

 

 

 

 

 

 

     El emperador no cumplió con el deseo de su esposa de descansar eternamente a orillas del Mediterráneo, en Corfú. Su condición de emperatriz austrohúngara le obligaba a sepultarla en la cripta de los Capuchinos en Viena, la capital del país que nunca la entendió como realmente se sentía.

 

Comitiva fúnebre de Sissi por las calles de Viena, Austria (17 de septiembre de 1.898)

 

 

Dibujo sobre los servicios fúnebres llevados a cabo durante el velatorio de los restos de Sissi

 

 

Panteón imperial (Kapuzinergruft) bajo la Iglesia de los Capuchinos, Viena, Austria (Fotografía ©Bwag)

A la izquierda se encuentra el ataúd de la emperatriz Elisabeth (1837-1898), en el medio el de Franz Joseph I (1830-1916), emperador de Austria y a la derecha el de su hijo, el príncipe heredero Rodolfo (1858-1889).

 

 

 

El Emperador Francisco José I y su esposa la Emperatriz Isabel de Austria

 

 

     Dejó una fortuna de 10 millones de florines a repartir entre su hija favorita Marie Valerie, su hija Gisela y su nieta, la única hija de su hijo Rodolfo, la archiduquesa Elisabeth, conocida como Erzsi. Se encontraron muy pocas cartas escritas de su puño y letra que se salvaran de la incineración que llevó a cabo en vida y gran parte de sus joyas las regaló antes de su muerte. Una triste historia. Pero para endulzarla un poco, el Sr. Comilón ha elaborado una rica tarta Sacher que tanto le gustaba comer.

 

     En este Menú Cultural te contamos toda la historia que hay tras la creación de esta maravillosa tarta. No te lo puedes perder.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

 

– ACCEDE  A LA RECETA –

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

© El Platillo Comilón

 

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