Picoteo crujiente: huevos de codorniz rebozados con quicos salados

- 24 huevos de codorniz.
- 2 huevos de gallina (para el rebozado).
- 100 g de pan rallado.
- 80 g de quicos salados, al ser posible, los clásicos de toda la vida, esos que crujen con solo mirarlos.
- Harina de trigo.
- Aceite de oliva para freír.
- Sal (una pizca y con cuidado de no pasarnos, porque los quicos ya llevan su punto de sal).
- Pimentón dulce o picante, según gustos, para espolvorear al final (opcional).


ELABORACIÓN:
Hoy, en la cocina de El Platillo Comilón, vamos a convertir un humilde snack de picoteo, como son los quicos de maíz, en el protagonista de una tapa de escándalo. Sí, has leído bien, unos huevos de codorniz rebozados con una costra que no te esperas. Por fuera, un crujiente salvaje gracias a los quicos salados machacados; por dentro, la yema en su punto, cremosa y tentadora. Es de esas recetas que parecen complicadas pero que, con unos pocos trucos, te salen de vicio. ¿Acompañamos al Sr. Comilón y vemos cómo se hace?
Lo primero de todo es tener a punto los huevos de codorniz. Aunque son pequeños, tienen su aquel a la hora de cocerlos y pelarlos, pero con paciencia y el método adecuado saldrán perfectos. Ponemos los huevos de codorniz en un cazo con agua fría y una pizca de sal. Los llevamos a ebullición y, en el momento en que empiecen a hervir, contamos exactamente 3 minutos. Ni uno más, ni uno menos, porque si nos pasamos la yema se endurece y pierde esa textura jugosa que buscamos.

Pasado el tiempo, los sacamos y los sumergimos de inmediato en un bol con agua muy fría y unos cubitos de hielo. Este choque térmico hará que la cáscara se desprenda con facilidad. Los pelamos con cuidado, casi como si fueran pequeños tesoros, y los reservamos sobre un papel de cocina para que sequen bien.

¡Ahora viene la parte divertida! el rebozado con personalidad propia. Los quicos que usaremos serán de los de toda la vida, pero, sobre todo, buscamos que sean crujientes. Los machacamos hasta conseguir una mezcla con polvo y algún que otro tropezón más grueso; la textura irregular es la que luego dará ese crujiente de categoría. Para machacarlos, lo mejor es meterlos en una bolsa de plástico resistente, cerrarla bien y pasarles el rodillo con ganas. Si te apetece, también puedes usar un mortero, pero ten cuidado de no volverlos harina del todo.
En un plato hondo mezclamos los quicos machacados con el pan rallado. En otro plato ponemos la harina, y en un bol batimos los dos huevos de gallina con un tenedor hasta que estén bien ligados.

El rebozado es cosa de tres pasos bien secuenciados. Secamos de nuevo los huevos de codorniz si han soltado algo de humedad. Pasamos cada uno primero por harina, sacudiendo el exceso para que no queden grumos. Luego los bañamos en el huevo batido, dejando que escurra un poco. Y finalmente, los rebozamos con la mezcla de pan rallado y quicos, presionando suavemente con los dedos para que se adhiera bien. Si quieres una capa exterior de campeonato, déjalos reposar en la nevera unos 10 minutos antes de freírlos. Ese reposo hace que el rebozado se compacte y no se despegue en la sartén.

Llega el momento de freír, y aquí conviene no escatimar en aceite. Usamos una sartén pequeña o un cazo estrecho, así los huevos quedan más cubiertos y gastamos menos cantidad. Calentamos el aceite a fuego medio-alto, pero sin que llegue a humear. Cuando esté bien caliente, introducimos los huevos de codorniz rebozados en tandas, sin amontonar, para que la temperatura no baje de golpe. Los freímos durante aproximadamente 1 minuto, hasta que estén dorados y con esa costra crujiente que tanto nos gusta. Los retiramos con una espumadera y los dejamos sobre papel absorbente para eliminar el exceso de aceite.


Ahora viene el último detalle que marca la diferencia. Colocamos los huevos en una fuente o en los platos individuales, bien emplatados, y espolvoreamos por encima un poco de pimentón dulce o picante, según los gustos de cada cual. Ese toque de color y aroma ahumado o ligeramente picante realza el sabor de los quicos y le da un acabado de categoría. ¡Y ya están listos para triunfar en la mesa! Los servimos calientes, solos o acompañados de alguna salsa que nos apetezca: una mahonesa casera, un alioli suave o incluso una salsa brava o barbacoa si queremos darles un toque más atrevido. Eso sí, tenlos a la vista porque desaparecen en un abrir y cerrar de ojos.
Si quieres darle tu propio toque, prueba a añadir a la mezcla del rebozado una pizca de pimentón también, o incluso un poco de ajo en polvo. Pero con el espolvoreado final ya consigues un resultado de rechupete. ¿Te animas? Pues ya sabes, a ponerse el delantal y a disfrutar de este crujiente bocado con toda la personalidad de un buen picoteo.




