Literatura,  Menú Cultural

El Libro del Buen Amor y el simbolismo culinario que esconde la historia sobre la pelea entre don Carnal y doña Cuaresma

Carátula original de la obra manuscrita ‘El libro del buen amor’ del S. XIV (Biblioteca Nacional de España)

 

© El Platillo Comilón

 

    El libro del buen amor, conocido también como “El libro de los cantares”, es una clásico de la literatura medieval escrito por el clérigo, supuestamente de origen alcalaíno (Alcalá de henares, Madrid, España) Juan Ruiz, conocido por todos como Arcipreste de Hita, entre los años 1330 y 1343. La obra en sí se identifica con el mester de clerecía, representación literaria del ámbito eclesiástico y religioso de la Edad Media, característico, entre otras muchas cosas, por su temática religiosa impregnada de tintes profundamente morales.

 

Retrato del Arcipreste de Hita publicado en Obras del Arcipreste de Hita, de Martín Sarmiento y Francisco Javier de Santiago Palomares (1753)

 

     Recoge gran cantidad de sermones, alegorías y cántigas (poesía cantada) bajo la atenta y estricta mirada de la moralidad. Muchos son los estudios que se han hecho sobre él y muchas las conclusiones y análisis obtenidos al respecto, pero lo que nos trae hoy aquí, en nuestro Menú Cultural, es el simbolismo que se esconde tras el período religioso de abstinencia, conocido como Cuaresma, y el fuerte vínculo que existe entre esta y los alimentos declarados por la religión cristiana como apropiados para comer en dicha festividad.

      Al final ponemos a vuestra disposición las coplas extraídas de dicho libro y a las que nos referimos. Estas nos vienen a decir que, Don Carnal, símbolo del carnaval representado por un hombre ligado a los placeres de la vida, es retado por Doña Cuaresma, simbolizada por una señora vinculada a la moral religiosa, a mantener una batalla al cabo de una semana.

     Cumplido el plazo, Don Carnal, junto con su gran séquito, se dispone a vencer a Doña Cuaresma y a sus fieles seguidores. La batalla, bastante reñida a lo largo de todo un día, termina con la retirada de ambos. Don Carnal no cede ante esta situación y sigue su particular celebración con la comida como principal protagonista. Tanto devoran que el estómago les juega mala pasada. El proceso de digestión empieza su curso y, tal es la pesadez que tienen, que el sueño les acecha incontrolablemente.

     Doña Cuaresma, atenta a dicha situación, emprende un nuevo ataque sobre terreno enemigo para apresar a su contrincante, con la sorpresa de que este no mantiene oposición alguna y queda retenido bajo sus zarpas. Es miércoles de ceniza.

    Esta obliga a Don Carnal a confesar sus pecados y a seguir una abstinencia de alimentos, supuestamente indecorosos, bajo la lupa de la moral religiosa. Por tanto, le queda prohibido el consumo de cualquier carne de animal, salvo pescados y mariscos, de los cuales se puede hinchar, junto con deliciosas verduras, legumbres y hortalizas. Así durante 40 días y 40 noches, tiempo que dura la Cuaresma.

     Tras 40 días de cautiverio, y casi arrepentido de sus grandes excesos, el mismo domingo de ramos consigue escapar de su prisión con un solo pensamiento acechando su mente: vengarse de Doña Cuaresma. Esta, muy avispada ante dicha situación, recoge todos sus enseres y huye del lugar bien entrada la noche del Viernes Santo.

     En la tarde del sábado de Gloria, con las calles repletas de gente, Don Carnal, exultante, victorioso y con energías renovadas, da portazo al hecho acontecido para vivir con serenidad y aires renovados.

 

    Existe un cuadro de  Pieter Brueghel el Viejo, conocido como ‘El combate entre don Carnal y doña Cuaresma’ donde todo esto que os contamos queda maravillosamente representado. Para acceder a este Menú Cultural y conocer su historia, pincha AQUÍ o en la imagen.

 

 

 

  • Coplas 1067-1081: Cartas de desafío de Doña Cuaresma.

 

1067 Acercándose viene un tiempo de Dios, santo;

fuime para mi tierra a descansar un cuanto,

de entonces a ocho días era Cuaresma, tanto

que puso por él mundo gran miedo y gran espanto.

 

1068Estando yo en la mesa con don Jueves Lardero,

entregóme dos cartas un rápido trotero;

diré lo que decían, mas no lo haré ligero

pues las cartas, leídas, devolví al mensajero.

 

1069 De mí, Santa Cuaresma, sierva del Criador

y por Dios enviada a todo pecador,

a todos arciprestes y curas sin amor

salud en Jesucristo, hasta Pascua Mayor.

 

1070 Sabed que me dijeron que, hace cerca de un año,

se muestra don Carnal muy sañudo y huraño,

devastando mis tierras, haciendo muy gran daño,

vertiendo mucha sangre; con disgusto me extraño.

 

1071 Y por esta razón, en virtud de obediencia,

os mando firmemente, so pena de sentencia,

que por mí, por mi Ayuno y por mi Penitencia,

vos le desafiéis con mi carta de creencia.

 

1072 Decidle sin rodeos que de hoy en siete días,

la mi persona misma, con las mis compañías,

iremos a luchar con él y sus porfías;

temo no se detenga en sus carnicerías.

 

1073 Devolved al trotero la carta ya leída;

que la muestre a la gente, no la lleve escondida;

que no digan después que no fue conocida.

Fechada en Castro Urdiales y en Burgos recibida.

 

1074 Otra carta traía abierta y bien sellada,

na concha muy grande de la carta colgada,

que era el sello usual de la dama nombrada;

la nota es la que sigue, a don Carnal mandada:

 

1075 De mi, doña Cuaresma, justicia de la mar,

alguacil de las almas que se habrán de salvar,

a ti, Carnal goloso, que nunca te has de hartar,

el Ayuno en mi nombre, te va a desafiar.

 

1076 De hoy en siete días, a ti y a tu mesnada

haré que en campo abierto batalla sea dada;

hasta el Sábado Santo habrá lid continuada,

de muerte o de prisión no tendrás escapada.

 

1077Leídas ambas cartas, comprendí lo ordenado,

vi que a mí me tocaba cumplir este mandado

pues no tenía amor ni estaba enamorado;

a mi huésped y a mí nos puso en gran cuidado.

 

1078 Yo tenía a don Jueves por huésped a mi mesa;

alzóse bien alegre, de lo que no me pesa.

Dijo: -“Yo seré alférez contra la infeliz esa;

yo lucharé con ella, pues me tienta la empresa.”

 

1079 Después de darme gracias por el mi gran convid,

fuese. Yo escribí carta y al Viernes dije: “Id

a ver a don Carnal, todo esto le decid;

que venga preparado el martes a la lid.”

 

1080 Las cartas recibidas, don Carnal orgulloso,

mostrábase esforzado, pero estaba medroso;

no quiso dar respuesta y vino presuroso

con una gran mesnada, pues era poderoso.

 

1081 Amaneciendo el día del plazo señalado,

Ejercito de acudió don Carnal, valiente y esforzado,

de gentes bien armadas muy bien acompañado;

Alejandro, ante ellas, mostraría su agrado.

 

     Se acerca la Cuaresma y el Arcipreste recibe, “estando en la mesa con don Jueves Lardero” (de lardo: ‘unto’, ‘grasa’), una carta en que aquélla desafía a su enemigo don Carnal, dirigida a “todos los arciprestes y clérigos sin amor”. Nuestro protagonista decide pelear al lado de doña Cuaresma, y prepara el singular combate (una parodia de las batallas típicas del género épico). Esta es la descripción del ejército de don Carnal:

 

  • Coplas 1082-1098: Descripción del ejército de Don Carnal.

 

1082 Puso en las avanzadas muchos buenos peones,

gallinas y perdices, conejos y capones,

ánades y lavancos y gordos ansarones;

allí se ejercitaban, cerca de los tizones.

 

1083 Traían buenas lanzas de peón delantero,

espetos muy cumplidos, de hierro y de madero,

escudábanse todos con el gran tajadero;

en perfecta comida, ellos vienen primero.

 

1084 Detrás de los citados, están los ballesteros,

los patos, las cecinas, costillas de carneros,

piernas de puerco fresco, los jamones enteros;

detrás de todos éstos vienen los caballeros.

 

1085Las tajadas de vaca; lechones y cabritos

que por allí saltaban y daban grandes gritos.

Luego, los escuderos: muchos quesuelos fritos

que dan con las espuelas a los vinos bien tintos.

 

1086Seguía una mesnada nutrida de infanzones:

numerosos faisanes, los lozanos pavones

ricamente adornados, enhiestos sus pendones,

con sus armas extrañas y fuertes guarniciones.

 

1087Eran muy bien labradas, templadas y muy finas.

Ollas de puro cobre traen por capellinas;

por adargas, calderas, sartenes y cocinas.

¡Campamento tan rico no tienen las sardinas!

 

1088Vinieron muchos gamos y el fuerte jabalí:

-«Señor, en esta guerra, no prescindas de mí,

puesto que muchas veces lidié con don Alí;

soy ducho en el combate y siempre en él valí.

 

1089 No había terminado de pronunciar su verbo,

cuando he aquí que viene, velocísimo el ciervo.

Dijo: -«Señor, me humillo ante ti, leal siervo;

para poder servirte, ¿no soy acaso ciervo?.

 

1090 A la revista acude, muy ligera, la liebre;

-«Señor, a la enemiga yo le causaré fiebre

con sarna y con diviesos y haré que no se acuerde

sino de mi pelleja cuando alguno le quiebre.»

 

1091 Vino el chivo montés con corzas y torcazas,

profieriendo bravuras con muchas amenazas

-«Señor -dijo-, si a ella conmigo la entrelazas

no te hará mucho daño, aun con sus espinazas.»

 

1092 Se acercó paso a paso el viejo buey lindero:

-«Señor -dijo-, a pastar me echa hoy el yuguero

porque ya no le sirvo en labranza o sendero

pero te haré servicio con mi carne y mi cuero.»

 

1093 Estaba don Tocino con mucha otra cocina,

tajadillos y lomos, henchida la cocina,

todos muy bien dispuestos para la lid marina.

La Cuaresma, más lenta, demotró ser ladina.

 

1094 Como es don Carnal muy grande emperador

y tiene por el mundo poder como señor,

as aves y las reses, por respeto y amor,

se presentan humildes, pero tienen temor.

 

1095 Estaba don Carnal ricamente instalado

en mesa bien provista, sobre opulento estrado;

los juglares, ante él, cual señor venerado;

de todos los manjares estaba bien colmado.

 

1096 Delante de sí tiene a su alférez humil,

hincada la rodilla, en la mano el barril

con que a menudo toca el son trompeteril;

hablaba mucho el vino, de todos aguacil.

 

1097 Cuando vino la noche, ya despúes de la cena,

cuando todos tenían la talega bien llena,

para entrar en contienda con el rival serena,

dormidos se quedaron todos enhorabuena.

 

1098 Esa noche, los gallos miedosos estuvieron,

velaron con espanto, ni un punto se durmieron

lo que no es maravilla, pues sus hembras murieron,

y así, se alborotaron del ruido que oyeron.

 

  • Coplas 1099-1127: Batalla y derrota de Don Carnal.

 

1099 Hacia la media noche, en medio de las salas,

entró doña Cuaresma, ¡Señor, Dios, Tú nos valgas!

Dieron voces los gallos y batieron sus alas;

a don Carnal llegaron estas noticias malas.

 

1100 Como había el buen hombre muy de sobra comido

y, con la mucha carne, mucho vino bebido,

estaba abotargado, estaba adormecido;

por todo el real suena de alarma el alarido.

 

1101 Todos amodorrados fueron a la pelea:

forman las unidades más ninguno guerrea.

La tropa de la mar bien sus armas menea

y lanzáronse a herir todos, diciendo: -¡Ea!»

 

     Tras la presentación del ejército de don Carnal, relata el narrador la batalla:

 

1102 El primero de todos que hirió a don Carnal

fue el puerro cuelliblanco, y dejólo muy mal,

le obligó a escupir flema; ésta fue la señal.

Pensó doña Cuaresma que era suyo el real.

 

1103 Vino luego en su ayuda la salada sardina

que hirió muy reciamente a la gruesa gallina,

se atravesó en su pico ahogándola aína;

después, a don Carnal quebró la capellina.

 

1104 Vinieron muchas mielgas en esta delantera,

los verdeles y jibias son, del flanco, barrera;

dura está la pelea, de muy mala manera,

caía en cada bando mucha buena mollera.

 

1105 De parte de Valencia venían las anguilas,

saladas y curadas, en grandes manadillas;

daban a don Carnal por entre las costillas,

las truchas de Alberche dábanle en las mejillas.

 

1106 Andaba allí el atún, como un bravo león,

encontró a don Tocino, díjole gran baldón;

si no es por la cecina que desvió el perdón,

a don Ladrón le diera en pleno corazón.

 

1107 De parte de Bayona venían los cazones

que mataron perdices y castraron capones;

desde el río de Henares venían camarones,

hasta el Guadalquivir llegan sus tendejones.

 

1108 Allí, con los lavancos, lidiaban barbos, peces;

la pescada habla al cerdo: – «¿Do estás que no apareces?

Si vienes ante mí, te haré lo que mereces.

Métete en la Mezquita, no vayas a las preces.»

 

1109 Allí viene la lija, en aquel desbarato,

tiene el cuero muy duro, con mucho garabato;

a costillas y a piernas dábales muy mal rato,

enganchándose en ellas, como si fuera gato.

 

1110 Acudieron del mar, de pantanos y charcos,

especies muy extrañas y de diversos marcos,

traían armas fuertes y ballestas y arcos:

¡negra lucha fue aquesta, peor que la de Alarcos!

 

1111 De Santander vinieron las bermejas langostas,

muchas saetas traen en sus aljabas postas,

hacen que don Carnal pague todas las costas;

las plazas, que eran anchas, parecían angostas.

 

1112 Se había pregonado el año jubileo

y de salvar sus almas todos tienen deseo;

cuantos en el mar viven, venían al torneo;

arenques y besugos vinieron de Bermeo.

 

1113 Allí andaba la hurta, con muchos combatientes,

derribando y matando las carnosas gentes;

matan a las torcazas las sabogas valientes,

el delfín al buey viejo arrancóle los dientes.

 

1114 Los sábalos y albures y la noble lamprea,

de Sevilla y Alcántara, entran en la pelea;

sus armas cada uno en don Carnal emplea

no le sirve de nada aflojar la correa.

 

1115 Muy bravo andaba el sollo, un duro zagalón,

en su mano traía gran maza de trechón;

dio en medio de la frente al puerco y al lechón,

mandó que los salasen con sal de Belinchón.

 

1116 El pulpo a los pavones no dejaba parar,

ni aun a los faisanes permitía volar,

a cabritos y gamos queríalos ahogar;

con tantas manos, puede con muchos pelear.

 

1117 Allí luchan las ostras con todos los conejos,

con la liebre combaten los ásperos cangrejos;

de una y otra parte bien baten los pellejos,

de escamas y de sangre van llenos los vallejos.

 

1118 Allí combate el conde de Laredo, muy fuerte:

el congrio, seco y fresco, que trajo mala suerte

a don Carnal; le acucia y le empuja a la muerte.

Don Carnal esta triste, inconsolable, inerte.

 

 1119 Cobrando algún esfuerzo, levantó su pendón,

valiente y esforzado va contra don Salmón

el cual de Castro Urdiales llegaba a la sazón;

hizo frente el hidalgo, no le dijo que no.

 

1120 Porfían mucho tiempo, ambos pasan gran pena;

si a don Carnal dejaran, triunfara en la faena,

mas vino contra él la gigante ballena;

abrazóse con él, derribólo en la arena.

 

1121 Casi toda su tropa estaba ya vencida,

parte de ella muriera, parte se dio a la huida,

pero, aun derrotada, siguió en la acometida;

peleó cuanto pudo, con mano enflaquecida.

 

1122 Ya conservaba pocas de sus muchas compañas;

el jabalí y el ciervo huyen a las montañas,

le van abandonando las otras alimañas,

las que con él quedaron no valen dos castañas.

 

1123 Si no es por la cecina con el grueso tocino

-que estaba ya amarillo, pasado y mortecino

y luchar no podía de gordo, sin el vino-,

se encontraría aislado, rodeado y mezquino.

 

1124 Las mesnada del mar reunióse en tropel,

picando las espuelas, dieron todas en él;

no quisieron matarle, tuvieron pena de él

y, junto con los suyos, le apresan en cordel.

 

     Vencen las tropas de doña Cuaresma, y don Carnal es hecho prisionero. Un fraile le obliga a hacer penitencia, lo cual permite al Arcipreste explicar las virtudes de la confesión. Don Carnal, sin embargo, consigue escaparse tras su falsa confesión e imponerse así sobre doña Cuaresma, que se va de peregrinación a Jerusalén. El día de Pascua de Resurrección entra triunfante en el mundo acompañado de don Amor:

 

1125 Trajéronles atados, para que no escapasen,

ante la vencedora, antes que se librasen;

mando doña Cuaresma que a don Carnal guardasen

y que a doña Cecina y al tocino colgasen.

 

1126 Mandó colgarlos altos, a modo de atalaya;

que, para descolgarlos, allí ninguno vaya.

Pronto los ahorcaron en una viga de haya;

el sayón va dicindo: -«Quien tal hizo, tal haya.»

 

1127 Mandó que a Don Carnal custodiase el Ayuno;

cerrado lo tuviesen, no lo vea ninguno

si enfermo no estuviese, o confesor alguno;

que le diesen al día tan sólo manjar uno.

 

  • Coplas 1128-1161: Enseñanza sobre la confesión.

 

1128 Vino después un fraile, para le convertir,

comenzó a amonestarle, de Dios a departir;

con ello, don Carnal tuvo de qué sentir

y pidió penitencia, con gran arrepentir.

 

1129 En carta, por escrito, entregó sus pecados,

con sellos de secreto cerrados y sellados;

dijo el fraile que así no eran perdonados

y sobre ello le dijo dichos muy bien pensados.

 

1130 No se hace penitencia por carta o por escrito

sino por boca misma del pecador contrato;

ni puede, por escrito, ser absuelto el delito;

es menester palabra del confesor bendito.

 

1131 Ya que de penitencia os he hecho mención,

repetiros quisiera una chica lección:

debemos creer firmes, con pura devocion,

que, por la penitencia, tendremos salvación.

 

1132 Y si la penitencia es cosa tan preciada,

no debemos, amigos, mantenerla olvidada;

meditar sobre ella es cosa muy loada,

cuanto más persistamos, mayor es la soldada.

 

1133 Es para mí muy grave de tal cuestión hablar,

es piélago profundo, más que toda la mar;

yo soy rudo y sin ciencia, no quiero aventurar,

tan sólo un poquitillo quisiera conversar.

 

1134 Sobre el tema que ahora me propongo escribir

tengo un miedo tan grande que no puedo decir;

con mi ciencia, tan poca, poco he de conseguir.

Vuestro saber, señores, mi falta ha de suplir.

 

1135 Escolar soy muy rudo, no sabio ni doctor;

aprendí y sé muy poco para demostrador

aquello que yo diga, entendedlo mejor,

a vuestras correcciones someto yo mi error.

 

1136 En el santo Derecho hay gran disputación

sobre si hay penitencia con sólo contrición,

pero, al fin, se establece cómo la confesión

es siempre indispensable, con la satisfacción.

 

1137 Verdad es todo esto, si el hombre puede hablar,

si tiene vida y tiempo de poderse enmendar,

porque, si esto faltase, bien se puede salvar

por sola contrición, si de más no hay lugar.

 

1138 Perdonado es por Dios, justiciero cumplido,

más, en cuanto a la Iglesia, que no juzga a escondido,

menester es que haga, por gestos y gemido,

signos de penitencia, de estar arrepentido.

 

1139 Golpeándose el pecho, manos a Dios alzando,

gimiendo dolorido, muy triste suspirando,

llanto de penitencia de los ojos llorando;

si más hacer no puede, la cabeza inclinando.

 

1140 Por esto, del Infierno se libra -mal lugar-,

pero en el Purgatorio todo lo ha de pagar;

sufrirá allí el castigo que deba por pecar

por divina indulgencia que lo quiso salvar.

 

1141 De que tal contrición es penitencia plena

hay en la Santa Iglesia mucha prueba y muy buena;

por contrición y llanto, la Santa Magdalena

perdonada quedó de pecado y de pena.

 

1142 Nuestro Señor San Pedro, tan santa criatura,

que negó a Jesucristo por miedo y por pavura,

yo sé que lloró lágrimas tristes con amargura,

mas de otra penitencia no habla la Escritura.

 

1143 El rey don Ezequías, a muerte condenado,

lloró mucho contrito, a la pared tornado;

del Señor, tan piadoso, fue luego perdonado

y quince años de vida gozó aún culpado.

 

1144 Muchos clérigos simples que son poco letrados,

oyen en penitencia a todos los errados,

sean sus penitentes, sean otros culpados

y a todos los absuelven de todos sus pecados.

 

1145 En esto yerran mucho; no lo pueden hacer

en lo que no les toca no se han de entrometer:

Si el ciego al ciego enseña el camino a escoger,

en la primera hoya ambos van a caer.

 

1146 ¿Que poder tiene en Roma el juez de Cartagena?

O, ¿qué juzgará en Francia el que juzga en Requena?

No debe meter nadie su hoz en mies ajena,

pues causa injuria y daño, merece mucha pena.

 

1147 Todos los casos graves, dudosos, agraviados

a Obispos, Arzobispos y mayores Prelados

por el común derecho les son encomendados,

salvo aquellos que al Papa han sido reservados.

 

1148 Los que son reservados a él, por especiales,

son muchos en derecho; decir cuántos y cuáles

alargaría el cuento en más de dos manuales;

quien quisiere saberlo, vea los Decretales.

 

1149 Puesto que el Arzobispo, bendito y consagrado,

con el báculo, el palio y mitra muy honrado,

y su pontifical, en tal cosa no ha entrado,

¿por qué el clérigo simple se muestra tan osado?

 

1150 Los Obispos también, como sus superiores,

se reservan cuestiones en que son oidores

y pueden absolver y ser dispensadores

en casos prohibidos a clérigos menores.

 

1151 Muchos son los primeros y muchos más son éstos,

quien quiera conocerlos, vea dónde están puestos,

consulte bien los libros, las glosas y los textos;

el estudio a los rudos hace sabios maestros.

 

1152 Consulte en el Espéculo y en el su Repertorio,

los libros del Ostiense, que son gran parlatorio;

e Inocencio cuarto, un sutil consistorio;

el Rosario de Guido, Novela, Directorio.

 

1153 Más de cien Decretales, en libros y cuestiones,

con fuertes argumentos, con sutiles razones,

tienen, sobre estos casos, diversas opiniones;

de no ser más extenso no me acuséis, varones.

 

1154 Vos, don clérigo simple, guardaos de este error;

de parroquiano mío no seáis confesor,

allí donde no os toca no seáis juzgador;

no pequéis por juzgar a ajeno pecador.

 

1155 Sin poder de Prelado o sin tener licencia

de su clérigo cura, no le deis penitencia;

tampoco le absolváis ni le deis la sentencia,

en casos que no son de vuestra pertenencia.

 

1156 Según común derecho, aquesta es la verdad;

pero en caso de muerte o gran necesidad,

si no hay otro que pueda darle la sanidad,

sea quien fuere, oid absolved, perdonad.

 

1157 En caso de peligro, si la muerte arrebata,

podéis ser para todos Arzobispo y, aun Papa;

todo su poderío tenéis bajo la capa,

la gran necesidad todas las cosas tapa.

 

1158 Mas a estos penitentes les debéis ordenar

que si, antes que mueran aun pudiesen hablar

con quien sea su cura para se confesar,

que lo hagan y cumplan para mejor estar.

 

1159 Y también ordenad al enfermo doliente

que, sí entonces no muere y si mejor se siente,

de aquellos casos graves a que disteis unguüente

vaya luego a lavarse al río o a la fuente.

 

1160 Es el Papa, sin duda, la fuente perenal

porque es en todo el mundo Vicario General:

Los ríos son los otros que han pontifical:

Arzobispos, Patriarcas, Obispos, Cardenal.

 

1161 El fraile sobredicho, de quien ya os he hablado,

buen servidor del Papa y a él muy allegado,

en tan grave ocasión, a don Carnal postrado

bsolvió de la culpa a que estaba ligado.

 

  • Coplas 1162-1172: Penitencia.

 

1162 Después que a don Carnal el fraile ha confesado,

diole esta penitencia: que, por tanto pecado,

comiera cada día un manjar señalado

y nada más comiese, para ser perdonado.

 

1163 -«El día del domingo, por tu ambición, tendrás

que comer los garbanzos con aceite, no más;

visitarás iglesia, a pasear no irás,

no verás a las gentes ni el mal desearás.

 

1164 En el día de lunes por tu soberbia mucha,

comerás las arvejas, mas no salmón ni trucha;

irás al rezo de horas, no probarás la lucha

ni moverás pelea, según la tienes ducha.

 

1165 Por tu gran avaricia, ordénote que el martes

comerás unas migas, sin que mucho te hartes;

el tercio de tu pan comerás, o dos partes,

el resto, para el pobre te encomiendo que apartes.

 

1166 Espinacas el miércoles comerás, y no espesas,

por tu loca lujuria comerás pocas de ésas;

pues nunca respetaste casadas ni profesas,

lograbas tu capricho a fuerza de promesas.

 

1167 El jueves, por tu ira y por lo que además

mentiste y perjuraste, tan sólo cenarás

lentejas con la sal y mucho rezarás;

si las encuentras buenas, por Dios las dejarás.

 

1168 Por la tu mucha gula y tu gran golosina,

el viernes pan y agua comerás, sin cocina,

fustigarás tus carnes con santa disciplina;

Dios te dará el perdón y saldrás de aquí aína.

 

1169 Come el día de sábado las habas y no más,

por la tu envidia mucha, pescado no tendrás;

como por todo esto un poco sufrirás

tu alma pecadora así redimirás.

 

1170 Pasea en este tiempo por cada cementerio,

visita las iglesias, ve rezando el salterio,

asiste muy devoto al santo Ministerio;

tendrás de Dios ayuda, saldrás del cautiverio.»

 

1171 Puesta la penitencia, siguió la confesión,

estaba don Carnal con mucha devoción,

diciendo: -«¡Mea culpa!» Diole la absolución

y retiróse el fraile, tras de la bendición.

 

1172 Allí quedó encerrado don Carnal, muy cuitoso;

estaba, del combate, muy flaco y congojoso,

doliente, malherido, destrozado y lloroso;

no le visita nadie cristiano religioso.

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

        • Arcipreste de Hita: Libro de Buen Amor. (Estrofas 1067-1172). Versión moderna de María Brey Mariño. Editorial Castalia. Colección “Odres Nuevos”.
      •  
        • Ruiz, Juan, Arcipreste de Hita: El libro del buen amor (Manuscrito), s. XIV. Biblioteca Nacional de España (Biblioteca Digital Hispánica)

 

 

 

 

 

     

     

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