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El huerto de mi amigo Manuel

© El Platillo Comilón

 

     No hace mucho tiempo que conocí a Manuel Noguera, su familia y su huerto, pero desde ese momento hizo que me sintiera como en mi propia casa. Este hombre de 66 años, actualmente jubilado, natural de Herrera de Alcántara, provincia de Cáceres, Extremadura (España), ha trabajado casi siempre como mecánico o empleado de mantenimiento industrial, pero de siempre ha sido conocida su pasión por el cultivo ecológico de verduras, hortalizas y frutas.

     Esta actividad le reporta un auténtico placer, y no solo por el hecho de comer productos naturales  de la tierra, sino también por ver disfrutar de ellos a sus familiares y amigos. Hoy día es difícil encontrar tiendas y/o supermercados donde un tomate sepa a tomate, donde un pepino impregne con su aroma el ambiente o donde los pimientos, por ejemplo, nos deslumbren con sus vivos colores. El hecho de poder cultivar para el consumo propio, se ha convertido en un lujo inalcanzable para muchas personas, bien por falta de espacio donde hacerlo, por falta de los conocimientos necesarios o por la falta del tiempo que conlleva, ya que supone mucha dedicación. Pero todos estos inconvenientes se ven recompensados cuando es tiempo de cosecha y se disfruta de tan deliciosos manjares que da la tierra.

     Pero, ¿que nos lleva a decir que un huerto es ecológico? La respuesta es muy sencilla, el fin último de la creación de estos huertos es la obtención de alimentos frescos y saludables, cultivados mediante prácticas ausentes de daño para la naturaleza y su entorno, cosa de la que nos hemos percatado visitando el huerto de Manuel.

     Este reconoce el malestar que presenta cada uno de los cultivos llevados a cabo, y, junto con la experiencia que tiene, constituye un punto a su favor. Es capaz de percatarse si aparecen signos o síntomas preocupantes en sus cultivos y ver si son debidos a plagas o a enfermedades, por déficit de nutrientes en el sustrato o por desequilibrios de la planta debidos, principalmente, al medio en el que se encuentra, como son el agua de regadío, la temperatura, la luz, humedad, etc.

     Por ello es primordial detectar cuál es el agente causante del problema para luchar adecuadamente contra él. Para ello, debemos conocer la diferencia que existe entre una plaga y una enfermedad.

-Plaga: es causada por insectos, como pueden ser las hormigas y pequeños coleópteros, caracoles, arácnidos y roedores o pájaros. Es más fácil de detectar al ver determinados signos de ataque en tallos u hojas.

-Enfermedad: es causada por microorganismos, fundamentalmente bacterias y hongos. Es más difícil de detectar porque, aunque podamos ver los síntomas que provocan directamente en la planta, no es fácil determinar con precisión el microorganismo que lo causa.

     Ante esta situación, Manuel utiliza los remedios naturales que están en su mano, sin recurrir a tóxicos puramente químicos,  para evitar, en todo lo posible, un daño de la planta.

     Pero también nos hemos percatado que, además de cumplir con estas premisas, hay varias características que ha seguido para la creación de su propio huerto como es la elección de su localización teniendo en cuenta dos elementos fundamentales: el sol y el agua. Cuanta más luz solar directa tenga, mejor será el crecimiento de los cultivos realizados, así como el acceso al agua. No se le escapa nada, ¿verdad? Como se suele decir en muchos pueblos: “la experiencia es un grado”.

     Tras mi visita al huerto de Manuel, en presencia también de su mujer, Ana Benito, compañera inseparable desde hace ya muchos años, sabedora y conocedora de muchas recetas y platos típicos de la tierra, y con una mano exquisita para las mismas, me ha quedado un gran sabor de boca, y no solo por la cantidad de productos que me ha regalado, sino también por la compañía y el buen momento que me han hecho pasar.

 
 
 
 

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