Tierra de Dios
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FICHA TÉCNICA
- Título original: God’s Own Country (Tierra de Dios).
- Año: 2017.
- Duración: 104 minutos.
- País: Reino Unido.
- Dirección: Francis Lee.
- Guion: Francis Lee.
- Reparto: Josh O’Connor, Alec Secareanu, Ian Hart, Gemma Jones, Alec Secareanu.
- Música: Dustin O’Halloran, Adam Wiltzie.
- Fotografía: Joshua James Richards.
- Producción: Diarmuid McKeown, Jack Tarling, Dan Winch.
- Productora: Inflammable Films, Shudder Films, Magic Bear Productions.
- Distribuidora: Samuel Goldwyn Films, Orion Pictures.
- Género: Drama, Romance, Cine LGTBIQ+.
SINOPSIS
El cine, al igual que la cocina, es un lenguaje que trasciende las palabras. La película que os presentamos hoy en nuestro Menú de Cine lo hace, y de qué manera… En Tierra de Dios (2017), el director Francis Lee no nos ofrece un banquete de lujo, sino algo mucho más auténtico, más sencillo… la comida de quien trabaja la tierra, de quien tiene poco tiempo y de quien, sobre todo, necesita nutrirse en medio de una soledad gélida.
Tierra de Dios nos sumerge en la crudeza de Yorkshire, el vasto y gélido condado del norte de Inglaterra donde el cielo parece aplastar el alma. Allí conocemos a Johnny Saxby (Josh O’Connor), un joven atrapado en la asfixiante rutina de una granja, cuya existencia se marchita entre el barro, el aislamiento y una auto homofobia que impone así mismo como un escudo ante el mundo que le rodea y en el que vive.

Johnny Saxby (Josh O’Connor)

Johnny Saxby (Josh O’Connor) comiendo un Noodle Box.
En esta película no hay adornos, solo hay una verdad desoladora que se siente en la piel. Es una obra que atraviesa al espectador, obligándole a observar cómo la frialdad del entorno en el que vive Johnny puede congelar su propio corazón hasta que llega alguien, en este caso Gheorghe (Alec Secareanu), capaz de romper esa costra de soledad. En muchas escenas se nota la presencia recurrente de los ‘Noodle Boxes’. No estamos ante un plato de alta cocina, sino ante la quinta esencia del takeaway británico: fideos de trigo salteados al estilo asiático.

Gheorghe (Alec Secareanu)
En la vida de Johnny, este plato funciona como un espejo. Es rápido, práctico y no requiere una mesa ni bien ni mal puesta, es el alimento de una vida construida sobre el trabajo físico agotador y un aislamiento emocional autoimpuesto. Cuando Gheorghe, el joven pastor rumano, entra en su vida, el acto de compartir esa comida sencilla en un envase de cartón deja de ser un trámite para convertirse en un ritual de intimidad, un puente tendido entre dos mundos que, hasta entonces, no tenían nada en común.
En este mes de junio, mes del Orgullo, la película adquiere una resonancia política inevitable. Mientras en muchas partes del mundo vemos cómo la derecha más reaccionaria y los discursos neofascistas intentan erosionar los derechos del colectivo LGTBIQ+, forzando su retroceso hacia la invisibilidad o el armario, Tierra de Dios se alza como un manifiesto de resistencia silenciosa.

La historia de Johnny no es, ni mucho menos, un desfile festivo, sino todo lo contrario. Es una trinchera que nos recuerda que la identidad es un acto de supervivencia y que el derecho a amar, incluso en los entornos más hostiles y conservadores, es un terreno que no podemos permitirnos perder ante quienes intentan arrebatarnos nuestra dignidad. Os dejamos el tráiler de la película para que os hagáis una idea.
TRÁILER EN ESPAÑOL
En medio de esta atmósfera donde el afecto parece un idioma olvidado, esos humildes tallarines en envase de cartón que vemos repetir no son un simple decorado. Representan la alienación de quien vive en piloto automático, la ingesta solitaria de quien no siente que merece el mimo de una cocina real. Pero el giro llega cuando ese mismo envase se convierte en el epicentro de su redención. Compartir esos fideos mientras el viento azota las colinas no es solo alimentarse, es un acto de resistencia, el primer paso para tender un puente entre dos náufragos. El humilde takeaway pasa de ser un símbolo de desdén hacia uno mismo a transformarse en el recipiente de la intimidad más pura.
Es ahí donde la película encuentra su verdadera esencia, el descubrir que, cuando por fin aprendes a abrirte al otro, incluso el bocado más sencillo tiene el sabor de un renacimiento. Porque, al final, la valentía de vivir de verdad y de defender nuestros derechos frente a cualquier ola de odio comienza precisamente ahí, cuando nos negamos a comer en soledad y elegimos celebrar que, a pesar de todo, estamos vivos y presentes.
‘A veces, el mayor acto de orgullo es dejarse querer’. Tierra de Dios nos recuerda que las grandes transformaciones no siempre ocurren bajo las luces de neón o en medio de multitudes, sino en el silencio de lo cotidiano. Al preparar estos tallarines, los personajes no solo están cocinando un plato de comida reconfortante, están rindiendo homenaje a la capacidad humana de encontrar belleza en lo simple y fuerza en la vulnerabilidad.

Por todo ello, y desde la cocina de El Platillo Comilón, nos unimos en este homenaje a la vida, al no doblegarnos, al sentir, al poder vivir como realmente queramos. Por eso, he decidido que hoy mi cocina hable ese idioma. El Sr. Comilón va a preparar esos tallarines inspirados en la película, pero esta vez, con el mimo y el respeto que Johnny y Gheorghe aprendieron a darse, porque cuando se cocina con intención, cada ingrediente se convierte en un símbolo de nuestra propia dignidad. ¡Vamos a acompañarle a los fogones! hoy no solo preparamos una receta, celebramos que estamos aquí, presentes y sin miedo.






