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Maniquíes desnudos listos para machacar nueces

© Foto de Andrew Ryan Shephard
EL COPYRIGHT PERTENECE A SU RESPECTIVO AUTOR

 

     Hace unos años os hablamos, en esta misma sección, de Jennifer Rubell y su peculiar arte contemporáneo. Hoy queremos hacerlo de nuevo porque hemos descubierto una de sus tantísimas obras y nos ha encantado tanto, que queremos compartirlo con todos vosotros: “Cascanueces” (Nutcrackers). ¿Os habíais preguntado alguna vez si un maniquí, más allá de su función comercial en escaparates, podía servir para algo? Seguro que me daríais infinidad de respuestas pero, creo que nunca, se acercaría a la utilidad que le ve Jennifer.

     Una vez más sorprendió con su arte contemporáneo interactivo en la «Dallas Contemporary» (septiembre 24 – diciembre 4, 2011) que,además de ser una organización de caridad sin fines de lucro registrada en el Estado Texas y el Internal Revenue Service, es un museo sin colección propia que presenta ideas nuevas y estimulantes de artistas regionales, nacionales e internacionales. La institución está comprometida a captar el interés del público a través de exhibiciones, charlas, programas educacionales y eventos, brindando una experiencia total para todos sus visitantes. Así que ya sabéis, si alguna vez pasáis por allí de vacaciones… no estaría mal pasar a verlo.

     Nos ponemos en situación. En una gran sala se dispusieron 18 pedestales blancos en línea recta, de forma ordenada y, sobre ellos, 18 maniquíes femeninos, mujeres de plástico duro completamente desnudas, en disposición horizontal. Aunque a simple vista todas ellas parecían iguales a la tan conocidísima muñeca “Barbie”, no lo eran. Cada una presentaba unos rasgos determinados que las diferenciaban y llamaban la atención del visitante, como sus grandes y voluptuosos pechos, su delgadez, la curvatura de sus caderas, la estética de sus peinados y sus características raciales.

© Foto de Andrew Ryan Shephard

 

© Foto de Andrew Ryan Shephard

 

© Foto de Andrew Ryan Shephard

 

     A todo esto hay que sumarle la postura de sus piernas, separadas, esperando a ser utilizadas con un fin: “cascar nueces”. Sí, cascar nueces con la entrepierna. En el centro de la sala se dispuso un gran recipiente a modo de piscina lleno de nueces, dando pistas de la finalidad que se intentaba conseguir.

© Foto de Andrew Ryan Shephard

 

     De tal manera que, si te apetece comer alguna, basta con coger y abrirla con estos “cascanueces” tan sofisticados. Consiste en un pequeño sistema metálico incrustado en la entrepierna inferior, donde se deposita la nuez, y otro en la entrepierna superior cuya finalidad es machacar el fruto seco.

© Foto de Adam Reich

 

© Foto de Adam Reich

 

© Foto de Andrew Ryan Shephard

 

     Pero la finalidad de esta exposición no es solo reírse un rato, pasarlo en grande o comer nueces. Hay un mensaje velado, una crítica a la visión patriarcal de la mujer, de lo puramente femenino, y del poder que representa. ¿Cómo lo muestra?, pues muy fácil, solo hay que pensar en el nombre de su exposición y el mecanismo que cada una de esta mujeres lleva en su entrepierna capaz de machacar ese fruto seco. Doy una pista: “a los hombres seguro que no les gustaría”. Ahí lo dejo para que penséis un poco.

© Foto de Adam Reich

 

© Foto de Adam Reich

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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